India, la democracia más grande del mundo, apaga Internet en ciertas zonas

Internet está en peligro de extinción, igual que muchos animales del Planeta. El problema es que solemos pensar que las dictaduras cortan el grifo de forma tajante, pero a menudo su censura es mucho más sutil. Desde Human Rights Watch señalan que este 2020 deberemos estar atentos a quiénes intentan apagar Internet.

Uno de los casos alarmantes es el de la India, que mientras presume de ser la democracia más grande del mundo, bloqueó varios meses el acceso a Internet en la disputada región de Cachemira entre India y Pakistán a fines del año pasado.

Las administraciones alegaron que fue por motivos de seguridad, un argumento cada vez más utilizado para limitar el acceso libre a Internet.

El Gobierno Indio se apoya en sus leyes, con vestigios coloniales que remontan a la época del Imperio Británico. Por un lado, India se apoya en su Código de Procedimiento Penal de la Sección 144, que permite a los funcionarios prohibir grandes reuniones y bloquear Internet en áreas geográficas específicas en favor del orden público.

El gobierno central de la India también se apoya en la Ley de Telégrafos Indios de 1885, que originalmente otorgaba a los funcionarios coloniales británicos la autoridad sobre las líneas telegráficas en la India.

Por suerte, hay datos a favor de que en el futuro esto se regule y se eviten los abusos.

El pasado 10 de enero, el Tribunal Supremo de la India dictaminó que el cierre continuo de Internet y otras suspensiones de los derechos civiles en Cachemira representan una violación de los derechos fundamentales, reflejados en el artículo 19 de su Constitución.

Más en concreto, la Corte Suprema de la India señaló que la suspensión temporal de los servicios de telecomunicaciones no da derecho a la suspensión indefinida de los servicios de Internet.

El apagón de Cachemira, solo uno más de tantos

No ha habido un caso como el de Kashmir, el apagón más largo hasta ahora. Sin embargo, no se trata ni mucho menos de un caso aislado. De hecho la India es la campeona de cortar Internet, pues según el Internet Shutdown Tracker, entre los años 2012 y 2019 se han producido en este país un total de 349 cierres de internet.

La amenaza de censura trasciende las fronteras indias, y nos toca más de cerca de lo que pensamos. Hay apagones que parecen accidentales desde Bangladesh hasta Caracas, pasando por muchos puntos más que van in crescendo.

Algunas veces simplemente Internet va lento, otras veces se restringe el acceso a determinadas páginas y en algunos casos el apagón es general por razones de seguridad o de orden público.

Mientras tanto, otra paradoja es que muchas mujeres y niñas víctimas de abusos sexuales online tienen que buscarse la vida solas para resolver sus vulneraciones de derechos cibernéticos.

La reducción de velocidad de Internet en Irán, la RuNet en Rusia… y sin ir más lejos, el Real Decreto-ley 14/2019 en España. No hay que pasar por alto la Ley NetzDG en Alemania, que está inspirando a muchos otros países con amenazas de multas a las compañías de algunas redes sociales si no eliminan ciertos discursos ‘de odio’ por ejemplo, socavando así la libertad de expresión, ya que esta es una línea muy difícil de definir.

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El debate libertad vs seguridad en torno a la censura de Internet

Con estos apagones, los daños son mayores de lo que uno podría imaginar. Los ciudadanos no pueden informarse ni expresarse libremente, los estudiantes interrumpen sus clases, la atención de la salud se ve afectada, los periodistas no pueden subir vídeos de posibles abusos de las fuerzas de seguridad… Apagar Internet, aunque sea de forma puntual y limitada, repercute directamente en las libertades y por supuesto en la economía.

El argumento de la seguridad nunca debería ser suficiente para legitimar los recortes de libertades, pero si en algún caso se pudiera justificar no sería sin duda en éste. Según un estudio de Políticas Digitales Globales de Stanford, el efecto de apagar Internet en momentos de inseguridad no hace más que agravar el problema.

Es más, según los hallazgos de Jan Rydzak, uno de los investigadores del estudio mencionado, los apagones no hacen sino fomentar la violencia en situaciones de protesta, ya que dificultan la capacidad de coordinación de las personas.

Otro tema que genera controversia es la ambigüedad de los términos ‘terrorismo’ o ‘extremismo’ tal como señala Human Rights Watch. Según HRW la vaguedad de estos conceptos abre paso a la censura de actos de expresión legítima.

Por ejemplo, en 2017 Facebook eliminó una imagen publicada por un destacado periodista emiratí que ilustraba en clave de humor al líder de Hezbollah Hassan Nasrallah con una bandera del orgullo gay.

La publicación tenía en cuenta la ironía y la sátira, porque hacía un comentario sobre la popularidad de Hezbollah entre cierto segmento de la izquierda política, a pesar de la falta de apoyo de éste hacia los derechos LGBTQ.

Los algoritmos de Facebook, por muy desarrollada que esté la IA de esta empresa, no fueron capaces de comprender la ironía. Sería como pedir al personaje de Star Trek, Spoke, que se riera de un chiste espontáneamente. El resultado de este error supuso la censura de una imagen que formaba parte de la libertad de expresión.

Hay que añadir que a menudo los gobiernos se apoyan en plataformas tecnológicas para decidir sobre los riesgos de determinadas manifestaciones por parte de la ciudadanía.

Tal como señala el Informe de ‘Electronic Frontier Foundation’ los algoritmos para detectar contenido extremista a menudo cometen el error de censurar también denuncias de ataques a los derechos humanos. Con ello, se reduce la esfera democrática en aras de proteger a la ciudadanía de posiciones radicales y potenciales peligros de seguridad o incluso de libertad.

El informe además demuestra que es un error pensar que si se elimina determinado contenido en las plataformas online se puede acabar con planteamientos extremistas, que a menudo están profundamente arraigados en determinadas personas y grupos.

Conclusión

Hay algo que puede ser hasta peor que una dictadura con todas las letras, y es una falsa democracia, que distrae a los ciudadanos pensando que ya son libres, y de esta forma nunca luchan por su libertad, porque viven engañados.

Internet es un canal de democratización sin precedentes, y por eso seguirá habiendo gobiernos intentando controlarlo, y deberemos seguir atentos para impedirlo.

Por suerte, hay muchas personas cada vez más concienciadas, y también hay organizaciones como Access Now, por ejemplo, que con su campaña #KeepItOn está objetando en todo el mundo los casos de apagones indiscriminados de Internet. Su objetivo es conseguir regulaciones más adecuadas en todo el mundo, que desplieguen las responsabilidades necesarias y permitan proteger a los ciudadanos de riesgos de seguridad y orden público, sin amenazar sus libertades fundamentales.

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