Qué son la Inteligencia Competitiva y la Vigilancia Tecnológica

En nuestra sociedad Resiliente Digital nuestros invitados nos preguntan mucho sobre de dónde sacar ideas de otras empresas que están en su sector.

¿Copiar a otros antes de reinventar la rueda?

¿Algún secreto?

En esta ocasión contamos con Juan Carlos Rodríguez Rojo CEO de Qíndice y Profesor del Master Big Data aplicado a administración de empresas de la UNED

– ¿Qué opinas de copiar modelos de negocio?

– Si son buenos, hay que copiar, de hecho, los humanos copiamos constantemente y los genes que tienen éxito se replican.

– ¿Quizá copiar sea parte de la supervivencia?

Si. Nunca copiamos de forma del todo idéntica, la evolución consiste en copias que introducen pequeñas variaciones y pueden producir innovaciones exitosas y otras que fracasan. Esto tiene que ver con lo que vamos a hablar a continuación.

En un libro sobre importación y exportación que habla del mundo oriental donde “se copia por costumbre” en países como China, Japón y La India, su intención quizá no es robarnos las ideas o saltarse las patentes, sino que, debido a las corrientes históricas y filosóficas como la corriente extendida de Confucio que asevera que copiar es una cosa buena.

En España por ejemplo, recientemente desde la Asociación de Agencias de Viajes de Empresa, nos pedían cuáles eran las empresas que están innovando para copiar ideas que funcionan, básicamente para reinventarse copiando.

Entrevistamos a Juan Carlos Vergara de CDE sobre Inteligencia Competitiva y Vigilancia Tecnológica

Introducimos a nuestro segundo Juan Carlos, su nombre completo es Juan Carlos Vergara, especialista en el ámbito de la inteligencia competitiva, un ámbito muy interesante. Su empresa es CDE.

Resiliente Digital

¿Qué es esto de la Inteligencia Competitiva?

Es una idea muy antigua, tan antigua como competir. Estamos en un mundo donde siempre hay algunas personas, entidades y empresas que ganan, como otras que se van quedando atrás y algunas que desaparecen. Se trata precisamente de cómo hacer para asegurar nuestro futuro, cómo hacer para aprender más rápido que los demás, esta es la clave. Pensarlo bien, si fuéramos más rápidos que los demás a la hora de aprender, pues realmente, no le tendríamos miedo a nadie. El tema es que hay personas o entidades que tienen un proceso, tienen una dinámica muy ágil y hace que de repente nos superen, han aprendido una lección, algo nuevo o interesante, que les da una ventaja competitiva. En ese momento superan a la competencia barriéndola o tirándola. Entonces, la clave de todo esto es montar un sistema o procedimiento interno que nos garantice el ser muy ágiles aprendiendo.

La cuestion es saber ¿Qué tenemos que hacer? ¿Aprender?

Para decir qué es lo que tenemos que aprender, lo primero que hace falta es tener buenos retos, unas ilusiones, algo que nos mueva, tener un horizonte al cual todo el mundo entienda que hay que ir ahí y que eso es lo que tenemos que hacer. Esta visión puede ser una vocación que nos llama, el mercado, el entorno o lo que sea que nos lleve hasta ahí. Si ya tenemos ese foco, el segundo paso es implantar un proceso para detectar cuáles son las necesidades de información que tenemos que cubrir partiendo del reto que hemos definido. A partir de esto el tercer paso es ver dónde están las fuentes de información que tenemos que explotar sistemáticamente para aprender eso, rellenar esas necesidades. Después, la cuarta cosa es analizar sistemáticamente toda la información que vamos captando, difundirla a la organización y emplearla rápidamente en la toma de decisiones.

Si lo hacemos bien, seguro que ganamos la carrera, aprendemos más rápido que los demás y tenemos futuro. El premio realmente es eso, innovar sistemáticamente, acelerar, ir más rápido que los demás.

Cuando vamos a la calle y hablamos de departamento de Inteligencia Competitiva, a mucha gente le suena que es algo que hacen por ejemplo los Gobiernos, el MI2, la CIA o en España el SCIP, pero en las empresas no se oye tanto que haya un área de Inteligencia. ¿Por qué crees que es?

Yo creo que nos da un poco de reparo, lo mismo que al contrario. Por ejemplo, cuando hablamos de calidad, a todo el mundo le gusta decir que tiene un sistema de calidad, es algo que vende, es algo interesante, es algo que refuerza la imagen de la empresa. Sin embargo, al decir que tenemos un sistema de inteligencia da un poquito de apuro porque después de decirlo, y si por alguna razón metemos la pata, que nadie se libra de meter la pata, si te pillan a contrapié, queda mal. Entonces, la cuestión es por un lado, la imagen que tenemos del sistema de inteligencia como “espías” que no es correcta pero incluso aunque uno esté pensando en positivo, en aprender, en analizar el entorno competitivo o en cuestiones muy legales, efectivamente da un poco de corte el decir “tenemos un Sistema de Inteligencia”, pero bueno, es realmente la base para innovar sistemáticamente y es lo que tenemos que hacer ahora, nadie nos libra de eso. Por otro lado tenemos que tener esa inteligencia, bien por pura dinámica de buen equipo, sintonizado, etc. o porque hemos implantado directamente este proceso basado en un software, con herramientas y con metodología del siglo XXI. Finalmente es profesionalizar y automatizar, hacer más productivas las tareas de búsqueda y análisis de información que es donde normalmente se consume tiempo. Pero, si tenemos una buena plataforma, si tenemos un software, si estamos con todas esas tareas bien automatizadas, podemos hacerlo sin perder tiempo y dedicarlo a lo necesario.

Le preguntamos como al principio a Juan Carlos Rodríguez Rojo…

¿Ves claro que no tenemos que tener ningún pudor a la hora de decir, estamos compitiendo, hay un mercado abierto, hay que saber lo que hace el de enfrente?

En Resiliente Digital por ejemplo, cuando vemos que entran menos llamadas de pedidos de cliente, nos ponemos a ver el SEO (posicionamiento), qué está haciendo la competencia o si han bajado los precios porque hemos perdido un cliente. ¿En esto hay que perder el miedo?

Si es obvio, el que renuncie a averiguar cosas de la competencia y de la demanda, está entregando su negocio a la incertidumbre y al riesgo que ello comporta.

– Te has referido con un cierto detalle al espacio de las oportunidades que hay en la información, lo que están haciendo otras empresas o sobre el desarrollo tecnológico, etc. Y es claro que allí es donde están las oportunidades, en el descubrimiento y en la inspiración, pero siempre hay una perspectiva que es común a todos los seres vivos y también a las empresas que es la dimensión del riesgo. Desde el punto de vista, por ejemplo, del que se juega su dinero y, también su tiempo y su esfuerzo ¿Ese conocimiento que vosotros de manera muy especializada proporcionáis, tambien concierne a la reducción de ese riesgo?

– Claro, estamos hablando de innovar con el mínimo riesgo. Tradicionalmente se ha dicho que hay que adaptarse al entorno, etc. pero que es arriesgado, acertar con lo que piden los clientes, con lo que puedo hacer, con lo que exigen las regulaciones, con lo que al final va a ser la clave de futuro. Se suele creer que es arriesgado, escuchamos que nueve de cada diez innovaciones se pierden, que innovar es muy caro y esa es la versión que tenemos metida en la cabeza. Sin embargo, innovar no tiene por qué ser caro si innovamos sistemáticamente, hacemos esta revisión sistemática de lo que hacen los competidores, los clientes, qué regulaciones vienen, hacia dónde va todo y cuál es “la película” que se está pasando por ahí fuera. Entonces, iremos sintonizados, haremos innovaciones que van justo en la línea adecuada, buscaremos los socios más correctos, etc. En vez de ser nueve de cada diez fallos, pueden ser nueve de cada diez aciertos y como digo, no podemos asugurar que sea una llave mágica y que no vas a fallar jamás porque como sabemos, la evolución es acelerada, pueden haber cosas que uno no termina de entender bien aunque lo haga sistemáticamente, en equipo, etc. Pero es verdad que reducimos el riesgo. Yo creo que esa es otra de las claves, innovar con el mínimo riesgo. Hay que innovar, no podemos quedarnos con los éxitos de ayer que mañana no son nada. Para innovar con el mínimo riesgo está la vigilancia tecnológica y la inteligencia competitiva.

– Entonces, tenemos como dos caras de una misma moneda que son por un lado, la contribución a la innovación, el descubrimiento, la inspiración, que nos puede dar esa información sobre nuevas tecnologías, nuevas propuestas de valor en el mercado y tenemos la otra cara, la reducción de riesgo. ¿Estás notando algún cambio en la importancia que le dan tus clientes a cada una de estas dos dimensiones? ¿Hay alguna evolución visible de la que nos puedas hablar?

– Si, yo diría que se está invirtiendo en ese escenario. Antes el que tenía un sistema de vigilancia tecnológica era “el tuerto en el país de los ciegos” es decir, que nadie lo hace y alguien que tiene un ojo abierto y que tiene un sistema que capte información aunque no sea bueno, tiene ventaja ¿verdad? Sin embargo, ahora yo diría que estamos justo lo contrario. Todo el mundo tiene los dos ojos bien abiertos, puede tener incluso prismáticos y todo tipo de radares y para un empresario el estar sin hacer nada en el análisis del entorno, es un problema competitivo. Estos sistemas se han popularizado, estamos diciendo que el mundo se está digitalizando y ya se ha digitalizado en estas cuestiones, por lo que cada vez más cosas del mundo real están ocurriendo en el mundo digital. Este último año se ha digitalizado a marchas forzadas y, por lo tanto, cada vez es más fiable monitorizar qué pasa por Internet, tener un software, tener una plataforma. Nosotros aportamos valor a través de una plataforma que se llama Hontza que ayuda a reforzar los procesos, que las empresas no pierdan tiempo en navegar y tengan la información en su servidor. Solamente tienen que analizar la información que les llega, esto es mucho más cómodo, más productivo, mucho más rentable y como dije, es una cuestión obligada. Vamos a hacerlo bien, esto es como cuando empezamos a hacer las cosas y con la práctica aprendemos por las ventajas que nos ofrece. Por ejemplo, el sistema de videoconferencia Zoom, al principio no sabíamos utilizarlo hasta que lo probamos. Los sistemas de vigilancia tecnológica están ahí para usarlos y el que no los use puede tener un problema, ese es el escenario y diría yo que si hay un cambio imporante en cómo se ve todo esto.

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