Pronto la tecnología podrá leernos la mente

La inteligencia artificial se ha infiltrado en nuestro último bastión de privacidad pudiendo detectar lo que pensamos. Esto ya es otro nivel: no hace falta que lean lo que escribimos en Whatsapp ni que graben nuestras conversaciones.

 

Nuestros pensamientos son privados, o al menos lo eran hasta ahora. Los nuevos avances en neurociencia e inteligencia artificial están cambiando esto. La tecnología podría llegar pronto al rincón más íntimo y privado que tenemos: los propios pensamientos e incluso las emociones.

Al mismo tiempo, estos avances neurocientíficos nos invitan a reflexionar sobre la ética, la privacidad y los horizontes de la interacción cerebro-tecnología.

Pronto la tecnología podrá leernos la mente

Pronto la tecnología podrá leernos la mente

Las alarmas se han activado con una reciente investigación en inteligencia artificial basada en señales inalámbricas realizada en la Universidad Queen Mary de Londres.

El estudio británico de IA sobre leer la mente

El estudio, publicado en la revista PLOS ONE, demuestra la efectividad del uso de ondas de radio para medir la frecuencia cardíaca y las señales respiratorias a la hora de predecir cómo se siente una persona.

Esto se ha visto que funcionaba incluso en ausencia de otras señales visuales, como por ejemplo las expresiones faciales y otros gestos de comunicación no verbal.

A partir de estos hallazgos, el algoritmo puede determinar uno de los cuatro tipos básicos de emociones: ira, tristeza, alegría y placer.

Según los responsables de este estudio, el trabajo podría ayudar con la gestión de la salud y el bienestar y ser utilizado para realizar tareas como detectar estados depresivos.

Con todo, el equipo que ha realizado el estudio y desarrollado esta tecnología tiene la intención de examinar la aceptación pública de esto. Además, evaluarán las implicaciones éticas y los riesgos que podrían ir asociados a este avance neurocientífico.

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Distopías en cine y literatura sobre leer la mente

Se abre la puerta a situaciones distópicas como la que planteaba ya a principios del Siglo XX el propio Orwell en la famosa novela ‘1984’. En ella se relataba la existencia de una ‘policía del pensamiento’. Podían leer los rostros de las personas y así detectar si había alguien con pensamientos no autorizados por el Gobierno.

También vemos una situación futurista aterradora en la serie Black Mirror de Netflix, en su episodio “Crocodile”.

Lo que ocurre en el capítulo es que una camioneta de reparto de pizzas autónoma atropella a un peatón. La víctima reclama a la empresa de seguros y una investigadora llamada Shazia entrevista a los testigos. Usa una herramienta futurista llamada Recaller, que es como un televisor capaz de mostrar los recuerdos de las personas.

Shazia intenta refrescar la memoria del sujeto con diferentes disparadores sensoriales: una cerveza, algo de música. Cuanto más emocional es una respuesta, explica, más vívido es el recuerdo.

Beneficios de la IA que lee la mente

No todo es tan negativo como parece, pues de hecho la tecnología a menudo nace de necesidades por cubrir. De hecho, esta capacidad tecnológica de conectarse al cerebro puede tener muchas aplicaciones beneficiosas en el ámbito de la salud.

Por ejemplo, todos hemos visto a Stephen Hawking cuando hablaba a través de un ordenador. Entonces lo hacía usando un sensor de movimiento de sus ojos, pero en un futuro no tan lejano personas como Hawking con ELA u otras enfermedades que impiden verbalizar, podrían ser escuchadas por sus seres queridos, e incluso podrían recuperar parte de su funcionalidad.

Los investigadores del MIT han desarrollado una interfaz de ordenador que puede transcribir palabras que el usuario verbaliza internamente. No es que transcriba lo que alguien dice en voz alta como puede hacer ya cualquiera con un smartphone, sino que es capaz de transcribir algo que has pensado pero no has dicho en voz alta.

Este dispositivo portátil con electrodos diseñado por el MIT es como si leyera pensamientos. Lo hace captando señales neuromusculares en la mandíbula y la cara que se desencadenan por verbalizaciones internas, también conocidas como subvocalizaciones.

Las señales se envían a una red neuronal que ha sido entrenada para correlacionar estas señales con palabras en concreto. Con esto se podría añadir un sintetizador y entonces la máquina hablaría por la persona, aunque ésta literalmente ni abriera la boca.

Hay otro estudio similar que también se ha hecho recientemente y que muestra los beneficios que podría tener este tipo de avances tecnológicos. En este caso se trata de mejorar la calidad de vida del ganado. Así lo están experimentando unos investigadores de la Universidad de Cambridge.

El estudio es capaz de analizar el nivel de dolor que tienen las ovejas, lo cual podría ayudar a detectar posibles enfermedades o problemas en el ganado. Además, este sistema se podría trasladar también a los humanos en un futuro no tan lejano.

Conclusión

La tecnología que permite detectar pensamientos y emociones todavía está en fase experimental, pero se calcula que antes de terminar la década esto será una realidad.

Podría tener muchos beneficios para la salud, la seguridad y otros ámbitos, pero también incluye muchos riesgos. Se amenaza la privacidad, la libertad individual y la seguridad de las personas, si esto pasa a las manos equivocadas.

El problema es que hasta el día de hoy como no había la tecnología para ello, todavía hay ciertas brechas legales que deberán regularse para evitar abusos.

Por ejemplo, no existe una ley a día de hoy que prohíba la recopilación pasiva de datos de ritmos cardíacos o la fotografía de rostros en público. En teoría no había la necesidad de tal regulación hasta el momento.

La pregunta será a quién le permitiremos que espíe nuestros pensamientos, emociones o recuerdos más privados. Harán falta las medidas necesarias para garantizar que esa decisión nunca deje de estar en nuestras manos.

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